La semana pasada tuve una reflexión con un compañero de trabajo sobre el futuro de los ordenadores personales.
Se ha puesto “de moda” poner pantallas táctiles a los ordenadores, y mucha gente cree que es la siguiente funcionalidad que todos los ordenadores deberían incorporar. Pero no estoy de acuerdo. Si que puede existir un pequeño mercado en el que los ordenadores, sobretodo portátiles, con pantallas táctiles pueden tener valor y utilidad. Por ejemplo para arquitectos en obras o para alumnos en clase.
Pero no creo que tener un ordenador de sobremesa con pantalla táctil vaya a aportar muchas ventajas. Realmente, creo que es casi todo lo contrario, un paso atrás. ¿Acaso no hemos inventado el mando del televisor para evitar tener que acercarnos a pulsar los botones que tiene la pantalla? ¿Por qué vamos entonces a querer un ordenador con la pantalla táctil?
Creo que los fabricantes, salvo para mercados muy concretos, deben buscar alternativas más tentadoras y más prácticas para seducir a los clientes en lugar de investigar tanto en pantallas táctiles.