Leyendo El Blog de Enrique Dans, me he encontrado con el post “El síndrome de Diógenes y el correo electrónico, en El País“, con el que me siento plenamente identificado.
Desde que GMail entró en mi vida, ya no borro ningún e-mail (excepto los de publicidad). Es como si tuviese la necesidad de almacenarlos todos por si algún día los necesito. Y con todas las facilidades que me da (etiquetas, búsquedas, etc.) me resulta muy fácil encontrarlos. ¡Incluso desde mi teléfono!
Pero ya no sólo son los correos electrónicos, sino que también están las notas (con Evernote), los documentos (con Google Docs)…
¿Os pasa también a vosotros?
